Mientras platicaba sobre metas y sueños, esta sociedad se iba más a la basura, y con ella todas mis palabras. Pues acciones fue algo que siempre me hizo falta. El clima era, digamos, bipolar. Igual que mi carácter irracional. No esperaba menos de aquella banca, que hasta lágrimas mías, tuvo que soportar.
Aquel cielo parecía derrumbarse, con grandes charcos que ensuciaba el cemento, incluso, chispas de lodo bañando los pantalones shorts de aquel par de niños. Las pelotas, por un segundo, desaparecieron del mapa, pues las gotas de lluvia, enlodaban el pastizal. Un par de perros ladraban en defensa de aquel hombre tirado. Un par de segundos bastaron para que este, los tranquilizara con singular decisión.
De voz fuerte y segura, una barba tenue y blanca, como las olas del mar. Donde seguramente, le gustarían pasar los últimos días de su vida.
Pasaron algunas horas, yo reía, lloraba, hablaba, callaba de pronto, para escuchar a Uriel. Compartir experiencias, y seguir aprendiendo, de lo que quizá, siga creciendo como amistad.
Puedo mencionar, que en un par de ocasiones, lo tomé como ejemplo al platicar de malas decisiones, no puedo negar que su aspecto era sucio, y algo que comúnmente vemos por las calles de la ciudad, con cientos de personas que te piden una moneda, para comprar, como vulgarmente decimos "el vicio" .
Cuando el caminó hacia nosotros, pasó por mi cabeza, que formaría las filas de tantos hombres que, con una cara terrible de síndrome de abstinencia, me han pedido una moneda, y ésta, fue negada.
Pasaron unos segundos en que escuché su voz, de menor volumen que anteriormente, mendigando un cigarro. Ofrecí uno a este, y el lo tomó, y agradeció. Usaba lentes obscuros, y sus arrugas eran el reflejo, del corazón, que alguna vez, pudo amar.
Un 4 de Octubre de 1968 fue asesinado. Defendiendo sus ideales, en aquella manifestación, donde cientos de soldados mataron a sangre fría a estudiantes, que querían un nuevo socialismo. 26 Años. Ingeniero Químico Industrial, egresado del Instituto Politécnico Nacional. Sus estudios, están incompletos, sabemos que se habla de un hombre cuyo historial académico supera el elemental.
Carlos Beltrán Maciel. El hombre a quién regalé un cigarro. Cuyas lágrimas se derramaron frente a mis ojos, asesinado un cuatro de Octubre, su nombre grabado en las Tres Culturas, pero ahora, y eternamente, en mi memoria.
El gobierno reconoció como muertos a menos de la mitad de los que verdaderamente estaban desaparecidos, algunos otros, fueron privados de su libertad, puestos a disposición del gobierno, por levantar la voz. Algunos de ellos, no fueron reconocidos por sus padres, quienes los dieron como muertos, incluso cuando el gobierno, jamás devolvió los cuerpos de los fallecidos.
El hombre a quien regalé un cigarro, me devolvió las ganas, de seguir luchando, defender mis ideales, y nunca dudar de mi fuerza. Aquel, que cruzó un segundo por mi vida, y la marcó para siempre. Eso que tu no me vas a entender, eso que tú, no quieres saber, incluso, sí, eso que el gobierno, te quiere esconder.
Muchas personas como él, han muerto oficialmente, los han dejado sin protección, en las calles, sin ninguna otra opción. Sintiendo el río de sangre, que noche tras noche, sigue bañándolos, en revolución.
Esta, es mi historia con el hombre a quien regalé un cigarro. Morirá en número de días desconocidos. Y, puede irse tranquilo, pues el gobierno, le quitó absolutamente todo, pero se irá, sabiendo, que la niña que le regaló un cigarro, lo va a hacer inmortal.
Y citando las palabras del Che Guevara, emitidas por el hombre a quien regale un cigarro.
"Hasta la victoria siempre."


