26 junio, 2011

Narcisismo inexistente.

Me gustan los charcos de agua y es tal vez la forma en que Narciso se enamoró de su reflejo. Y es quizá la sombra que constituye mi insulsa percepción sobre personalidad. O es quizá, el desorden de la misma, que constituye la mía.
Tantas palabras que me harían seguir perdiendo el hilo, constituyendo la idea principal de este texto, que como no reconocida narcisista, soy yo.

Mi nombre forma parte de mi presentación, para con ustedes y quizá con el mundo. Que principalmente se asocia a la capacidad de visualizar las cosas más pequeñas, por toneladas de exageración. (Igual que este ejemplo).
Nacida un año cualquiera de un día cualquiera, sumando la cifra nueve.  Que al paso del tiempo, ha sido menos cualquiera que otra cosa.
Gisela, por una costumbre antiquísima sobre las madres y sus primogénitos, fui llamada. Seguida por un nombre maya, que para algunos es difícil pronunciar. He lidiado toda mi vida, intentando asumir la idea, que quizá la gente no es estúpida, simplemente no ha viajado. (Ni yo, pero como que mi madre, si)
Siete letras, tres signos de puntuación y uno que el Registro Civil, no aprobó.
Así voy, llamándome, Gisela Nicté-Há un día nueve, del lluvioso mes nueve. 
Apenas conocía la diferencia entre el clima, y ya estaba impuesta a algo, de lo que ni siquiera tenía conciencia, y pues, para siempre. (De aquí a lo que dura mi para siempre
De padres adolescentes o no, concebida (según las malas lenguas) para salvar de su encierro a quien me parió y para encarcelar internamente a quién aportó los genes necesarios.
Tal vez la decisión que me trajo aquí, comenzó a definir los límites, (que aún no conozco) de mi personalidad. Las facultades, ya como persona, de mi formación. (Y por formación me refiero a errores)

Mi edad es algo que no creerías, si me conoces, (y por me conoces, me refiero a si me lees) El número más alto que poseo, al parecer es el de mi coeficiente intelectual. Que aún, a éstas alturas, no puedo creer. Y, que considero, no representa nada, absolutamente nada. (obviamente eso quiere decir que soy más alta que tú)

Mi capacidad por alejar a las personas que denotan interés en la mía, es tan grande, que en mi mano sobra mucho espacio para contar. Asimismo estoy segura, que es la misma capacidad para no dejarlos ir. 
Estudiar a la gente como deporte extremo, es lo mío. Para después escribir sin sentido en una hoja de papel. Y más tarde, lo que he aprendido, no ponerlo en práctica. Y cometer los mismos errores una y otra vez.

Las letras llegaron de pronto, cuando la luz en la habitación estaba escaseando, les di la bienvenida, para nunca despedirlas. La fórmula perfecta, para correr, escapar, encerrar(me), estancar, saltar, vomitar, apagar y encender, seguido por un largo etcétera. Apareció de pronto y si, si entró con sangre. Ojalá recordara cuántas veces mis páginas fueron arrancadas, abrazando el cinturón de mi progenitor con mi espalda, o la más cercana. (para todas esas veces mentarle su madre y al mismo tiempo, agradecerle)
Supe cuántos acentos existían, los que invento y los que de pronto me como insaciablemente, seguido por glucosa en mi sangre impidiendo hormonas que me mantendrían alerta. (Y todo por saborear un acento)

Debo hacerles saber, que a pesar de todo el narcisismo que puedo tener dentro, aún dudo de mis capacidades para realizarme. Tanto profesionales como personales.
A veces juego a ser escritor, y es una bomba de tiempo que encarcela mis sentimientos. No conozco a otra persona que ame tanto sus textos como para no desperdiciarlos, así como yo. Y es por eso, que al ser tan míos, muchos nadie los ha leído o escuchado o desenterrado o destruido. (o todas las anteriores)
Poseo la más larga biblioteca de textos literarios de mi autoría. Así como algunas rimas indiscretas burlándose de absolutamente todo, menos de mí, por supuesto. (Y saber que rimas sobrarían si así fuere) Cuentos, novelas, fábulas, escritas en prosa, en versos. Sonetos suaves y fuertes. Cartas a mí, a ti y al resto.
Soñando(me) así, publicando un poco de esto, a alguien por algo, así decidí iniciar este blog. Frío y vacío desperdiciando el sabor de una hoja fresca y una nueva edición.
Contándoles también mi poca autoestima como autor y mi insaciable aire de desperdicio, para con mis letras.
Y es así; mis letras, mis textos, mis lectores.

Llegando al momento confuso de mi vida, que no lo es. Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México en nivel bachillerato. Ceceachera como placer y estudiante por obligación.
La Revolución marcó mi vida, desde la música, hasta el equis número de intentos fallidos por conseguir algo en este país.
La redundancia estúpida, de imitar acciones anteriores, para conseguir (por supuesto) el mismo, inútil resultado.
Y es así. Sucumbiendo la teoría reglamentaria de revolución, impuesta por mí, caí en cuenta que el placer es la única fuerza para realizar acciones. Y esto, me lleva de pronto al cerebro,  quien como buen 'todo' ha sido el único músculo de mi cuerpo que he puesto a trabajar. Para decir que no necesito más.

Y aquí, dibujé el reojo de quién es posible, leerán.
Calidad, estoy segura; sobra.

De piernas largas, sombra mediana, tez azul, lacios cabellos, tributantes ojos, labios delineados, sonrisa dispareja, brillo parpadeante, mente incitante y pasión profunda, fue que me enamoré de mi reflejo, cuando éste quedó marcado entre la impureza de la tinta, violando el papel.