08 julio, 2011

Un eclipse no cualquiera.

Mi querido, Sol:

Estuve pensando en la forma de nuestra despedida, en la que mis labios gritaban de vez en vez; tu nombre.
Mis brazos extrañando la forma de tus hombros que los sostenían. Y, por supuesto, la indiferente manera tuya de comer, causante de muchas peleas y discusiones sobre la forma en que nuestro sistema hace digestión. También la última trasnochada.. Pensé en el olor de tu cabello, en la forma circular de tu mirada y el café que parpadeaba.  Los movimientos tuyos al pronunciar mi nombre. El tamaño de tu boca, donde cabía completamente la mía. La pluma donde firmé con vida, esa gran historia. El color de tus camisas. El tamaño de tus tennis y la distancia entre el baño y la cocina. 

Aprendí; que tu cama se desviste en un dos por tres. (Y después de casi un año, sigue oliendo a mi) Que mis pies son tus guantes. Que la carne en punto medio es tu preferida. Tus sábanas no son cambiadas frecuentemente. Que antes bebías mezcal y ahora no sueltas el Moët. Que un buen beso puede durar años completos.

Cuestioné; tu capacidad por traerme la cena a mitad de la noche. Y la también extraña, forma tuya por hacer rendir los alimentos. El beso de buenas noches infinito y el sobre estimado encuentro matutino.
La forma tuya de destruir los materiales más indestructibles. Y la locura al tomar un aerosol. 

Dividí; segundos contigo, entre la mirada sombría de los malos momentos. Las peleas ganadas y las que no luchamos. La desdicha interminable en el lago de tu desprecio. Y las caricias en cada parte de mi cuerpo.
La forma del Rib eye perfecto y el cigarrillo verde fumado en la mesa de almuerzo. 

Presioné; mis recuerdos inconclusos. Y perdoné los que si terminaron. Las horas desde aquel día. Y los mensajes en mi teléfono celular que no envié. Las fotografías impresas y el olor de tu suéter café. 
El tiempo cuando apareciste. Cuando te perdí. Cuando regresaste y te volviste a ir.

Anhelé; las cosas más sencillas que no te di. Y, sin embargo; recibí. Los brincos tuyos al caminar, la respiración acelerada y tu nariz oliendo mi alma. La temperatura de tus manos; quebrantando mi calma.

De pronto el pasado se volvió mi constante lucha presente, la idea de un futuro y la inocencia de un hoy que debía aprender a dibujar. Me tomó tanto tiempo, que no me di cuenta que todo pasaba y ya. 
Tu recuerdo y tu amor; no fue difícil mencionar. Pero el olor de tus rayos, iluminando mi ataúd es el único exilio que estoy dispuesta a pagar.

No terminó cuando te fuiste, terminó cuando me amaste por primera vez.


Tu nunca más; Luna.