Dicen por ahí, que al final de cuentas nunca hubo un ayer, ni un hoy y mucho menos un mañana. Si no, únicamente e s t o. Como sea que se llame, como sea que sea.
Lo siento, apenas lo estoy comprendiendo, como el hecho de estar aquí, en la mitad de este sueño al que vine a parar. Perdonando y guardando rencores al mismo tiempo porque no pedí estar aquí y..
1. Nunca podré perdonar a lo que sea que me hizo despertar aquí.
2. Agradecer y perdonar a lo que sea que me haya hecho estar aquí maldiciendo.
El caso es que, nunca sé quien soy, porque dicen que es egoísta ser uno quien se invente sus propias historias y lo más razonable es ponerte en el juicio de los demás para saberlo, pero... ¿quiénes son los demás?
Como sea; i only want be a Barbie girl. La verdad. ¿para qué les miento?
Aunque claro que sí, también me duele todo lo demás, todo lo que callo y lo que digo y lo que imagino. Pero no tanto como no poder ser perfecta. ¿Qué tiene de malo o bueno la perfección? ¿qué es la perfección?(Espero descubrirlo en el transcurso de esta verborrea. O no.)
El caso es que sí. El término fracaso lo conocí hace poco. Yo nunca había perdido, yo siempre ganaba. Y no hablo del hecho de perder (o no tener nunca) un padre, un hijo, un proyecto, una idea, un recuerdo. Si no más bien del nunca ver el lado obscuro de la Luna, si no siempre la luz, aquella que en muchas ocasiones fue lo único que poseía. La sensación de que aquel astro me perseguía, y que bajo cualquier circunstancia, si miraba al cielo y ella estaba ahí; yo estaba a salvo.
No me arrepiento de conocerlo, creo que me faltaba saber un poco del infierno, de la obscuridad, de los agujeros negros, del ocaso, del anochecer sin luz, del destierro. Creí que al saberlo, la vida tendría algún sentido, 'poseer' en el más estricto sentido de la palabra tendría un sentido claramente material. Pero no. No lo tuvo, todo lo perdió. Y culpé y culpé todo lo que me rodeaba. Como cuando alguien muere y me imagino que esa alma se impregna en lo más cercano a él en donde quepa. Como fotones de luz que viajan y viajan a través de la atmósfera hasta alcanzar el punto máximo donde yacerá intacto por toda la eternidad.
Es claro que la duda existencial del yo mismo, me ha llevado por un largo camino sin final, a un limbo incandecente pero cómodamente seguro. A Freud, a Nietzche, a Judas Iscariote, al Principito, a Pink Floyd, a mi niñez, a mi adolescencia, a mi desconocida y dolorosa juventud, al mañana, al hoy, al instante en que Albert Einstein descubrió la teoría de la relatividad, al ceceache, a Dios, a todo concepto claro e inconcluso que encontré. Lo cual, son historias, historias que me conforman y que he ido descubriendo más allá de la violencia intrafamiliar de mi infancia, que al abandono, que al término de mis estudios de nivel medio superior. Más allá de lo comprensible, más descriptivo que mis emociones, más ajeno y más cercano a mí, a este cuerpo material compuesto por unos cuántos elementos, a este psique formulado por ideas necias y cerradas, abiertas y violadas, a la idea sobreexplotada de "ser mujer", a las divisiones mentales entre mi historia y la historia de los demás.
Lo único que sé, es que yo mismo, no existe, no es, no hay, no puede, porque... tú no eres, tú soy yo y yo tú. In lak' ech; debe ser siempre algo más que "tu eres yo y yo soy tú", sólo que no podemos comprenderlo, porque justo a la mitad de tú y yo hay algo impercetible, invisible e intangible; Dios.
Y es lo que nos hace, hizo y hará estar aquí, en donde sea que estemos, en la idea que tenemos de esto, que compartimos, que se ha hecho un secreto a voces y que a veces necesita un poco de Lsd para salir. O no. O sí.
Que estar sin estar, tiene sentido. Y que mi estar te necesita para ser. Y que ojalá algún día te acuerdes de mí, por que la perfección será alcanzada cuando sea. Y no sea lo que creo ser, si no ser tú, nacer en ti, vivir en ti, morir en ti. Expresar en el sentido más justo de la palabra el don divino que Dios nos heredó al existir; las ideas. Ser la idea que atraviese tu sinapsis, tu DNA, el Hierro de tu sangre, el agua en cada una de tus mitocondrías. El amor; en la última y penúltima forma de sentirse. En oxitocina convertida en pieles erizadas, en ojos humectados y parpadeantes pupilas dilatadas, en sudor, en saliva, en placer.
Te amo para siempre, porque tú; cada habitante, cada ser, cada mineral, cada compuesto que conforma mi universo, eres yo y la perfección que busco, y los recuerdos que me conforman y es todo que necesito para ser, para expresar, para estar.
