Lo último en olvidar es la voz.
La voz es el aliento, es la salida, si los ojos son la entrada, la voz es el marco de impresión.
No sé cuanto tiempo pasó desde que mi voz cambió, llega con la pubertad decían, yo jamás lo noté. Y para ser precisa, nadie nunca lo notó. Los cambios se perciben mediante las diferencias, a las ausencias de algo, al patrón anterior, al tiempo de espera y al resultado final.
Y no es porque no me escucharan hablar, si no todo lo contrario. Hablé y hablé y hablé, por los codos no, por la boca. Y soy tan precisa, que mis palabras son como caminos exactos y diseñados para crear la sinapsis necesaria para que ninguno nunca me olvide.
Soy esa boca vertiginosa que necesita un poco de fricción, que se vuelve eso mismo y es tanta y tan cruda fricción que termina por volverse el más líquido lubricante de palabras del mundo.
Mi mundo, ese mundo enfermizo y contagioso de ideas brillantes, crueles pero brillantes, blancas y negras.
El blanco más luminoso y el negro tan negro de ese que brilla.
No sé cuando cambió mi voz, yo creo que sigue siendo la misma, la conozco tan bien que sigue siendo la misma, pero no. A veces descubro matices nuevos, matices que sollozan chillantes, sí, chillantes, como mi típico tonito de queja, burla y sarcasmo. jojo sólo que ahora, las palabras son diferentes.
No sé si el accidente gramatical haga diferir la voz. Y la voz las palabras, o las palabras el aliento. No lo sé.
Sólo no me di cuenta que pasara.
Hoy sí, a veces.
Y me doy cuenta por mis ojos, por mis oídos que mi voz es diferente, pero no las palabras, y sí los accidentes gramaticales.
¿Madurar? Eso es de frutas, eso qué. Dije. ¡Qué pedo! Mátenme. Todavía no sé de eso, ojalá nunca lo sepa.
La cosa es y está muy clara que el aliento es la voz, y la voz es lo último que olvido, y lo que más me duele. Pff qué loco.
Si pudiera olvidarme de un par de voces, viviría más tranquila, y más aburrida, más asustada, pero menos triste.
Escucho voces, siempre, todo el tiempo, que dicen cosas raras. a veces dicen cosas que yo creo que no existen pero que significan cosas, cosas que aún no sé muy bien pero... ¿Cuándo sabes?
Nectieles, nectieles, punchis punchis, globos aerostáticos, "Ya llegará quien te lleve a viajar en globo, mi Nicte".
¿Qué sentido tiene, verdad? Ninguno, nada, todo, únicamente.
Sólo sé y me repito angustiosa, que la voz es el aliento del alma y los ojos la entrada pero la boca es la impresora. Como la tuya wey, tu impresora que saca fotos tan padres. De tu bebé... con otra.
Orales Nicte, ya volviste a escribir.