20 mayo, 2011

La última decepción.

Hay flores que secretan olor. Hay algunas que nos provocan dolor.
Hay flores de palabras, que se huelen por los ojos. Hay ramos completos, que carecen de olor.
Hay miradas que rocían capullos. Hay capullos, que envuelven miradas. Hay un puño de hormonas que huelen mejor que flores. Hay segundos de desgracia, que saben a tragedia.

Adormecido mi cuerpo está, por la brisa de una pequeña mirada que gime en mis oídos. Un ser que más parece diablo que palabras. Susurra lentamente, erectando mis pezones. Hay destellos sometidos a la dicha. Es una voz profunda y segura, que me incita a pecar.

Hay neuronas que transforman sentidos. Hay órdenes que dicen que un agujero macular está a punto de reventar. Igual que mi clítoris.

Acto seguido, aparece el corazón, quien advierte la situación.
Mis oídos se quieren cerrar, derramando lágrimas de Sol.

Un par de puntos sobre mi rostro, advierten la escena. Aquella flor sentada, incitándome a volar.
Un par de advertencias, que no estoy dispuesta a escuchar.

Toca mi cuerpo, lo desnuda, lo hace suyo, con cada letra esparcida en la obscuridad. Dos destellos que nos recuerdan, lo que se está a punto de presentar.

Sus labios son dos secos hielos, que me empiezan a gritar, por cada parte de mi masa transversal.
Un par de piernas siguen caminando por mi cintura. Como dos ruedas brincando un escalón.
Estoy sintiendo, agradezco por ello. Mis cabellos son manos que comienzan a saborear.

Mi corazón cada vez, prende más. Una roja línea de alerta, y yo, sigo sin escuchar.

Cada nervio de mis ramas, se comienzan a estrujar. Cada centímetro de pavimento, aún más duro está. Mi cerebro, deglutiendo placer, está. Mis manos quieren arrancar sus alas. Mi boca se eleva, pues quiere escapar. Mis raíces tiemblan, estoy por terminar. Un placer infinito, como un millón de palabras bien formadas, aparece después.
Y la profunda sensación, de no poder estar de pié. Llueve desde mi cabeza, hasta los pies. Con descargas eléctricas hundiéndose en mi ser.

Sus ojos son rojos como un par de venas que van a reventar. Sus suaves montañas son solo un juguete más.
No estoy dañada, estoy bañada. Las flores, vuelven a oler. Esta vez su olor es fuerte.
Esta vez, me duele.

Aparece antipáticamente el hastío, que creí, había desaparecido.   Sus manos, ahora son filos, que me desgarran profundamente. Estoy agotada, mi cuerpo, necesita comer, aún después del banquete que acaba de suceder.

Mis ojos lloran Sol. Esta vez es de noche. Las palabras no olían bien. Tuve que entender, que todo aquello que puede acariciar la perfección, está cada vez más lejos de mi jardín.
Sus labios, ya no saben a miel.Ahora son hiel que destierra, mis más profundos, deseos.