13 mayo, 2011

Y mis curvas eran aún más rectas.

La mayor parte del tiempo miro a mi alrededor y todo parece pintar bien, recuerdo que alguna vez las cosas eran muy diferentes. Mi padre no firmaba los sábados en el reclusorio de Santa Marta, y una pequeña criatura no miraba las caricaturas.
Las noches eran soñando y los días leyendo. Alguna vez sé que el cielo fue claro y seguro. Mis pensamientos estaban sometidos hacia adelante y las estrellas eran ángeles que cuidaban mi camino.
Los árboles, no solo daban papel, me ayudaban a respirar. Antes no existían partidos políticos. Incluso, no deseaba tener una identificación.
Los libros no eran obligación y los chicos no eran mi estudio favorito. Los brazos de un hombre no me parecían el camino más perfecto que ahora me gusta saborear.
La caída de agua, solo eran cascadas, nunca lágrimas de dolor. Mis miedos más profundos siguen bajo la llave de mi inseguridad.
Las desdichas se transformaban en mis herramientas para crecer. Y mis curvas eran aún más rectas.
El desamor llegó junto a las primeras felicidades. Y ahora, con una insensibilidad que siempre supe, fue creciendo. La vida pinta diferente, no es buena, no es mala, es bipolar. Igual que la coloración de cada rayo de Sol.