Un día como hoy, las palabras retumban en mis oídos. De pronto quieren escapar y se liberan corriendo sin voltear atrás. En la salida de mis ojos.
"Todo va a estar bien", repito, una y otra vez, como haciéndome entenderlo.
Sonrío y las lágrimas siguen cayendo. Esta habitación está fría. El sonido de las teclas suena despacito y apresurado, con pausas ligeras, borrando una y otra vez.
De pronto echo una mirada a la pantalla, y los errores no existen. O si. Tal vez el primer error del día no pude contarlo y regalé tratos equivocados a quien no lo merecía y me arrastré a quién no debía.
Tal vez nunca dejé de ser la amante, o quizá nunca lo fui.
Quizá fallar a un sentimiento es mucho más grave que un par de besos encerrados a la mitad de un grito y una mentira.
Tal vez la cafetería si era buena opción y sólo la miré con desprecio.
Qué culpa tiene aquella mujer que está leyéndome ahora mismo y no tiene ni idea de lo que sucede.
¿Qué culpa tengo yo, por haber entrado en el lugar donde no tenía que hacerlo?
O acaso, estoy cometiendo más errores del que pienso que los comete.
Cuando él se fue, sus manos quedaron dibujadas sobre el lienzo, por lienzo me refiero a mi cuerpo, a mis senos, a mi cabello, que aún podía oler la tierra sucia y el frío de sus manos.
Un adiós disparejo.
Al parecer todo terminó, cuando creí que iniciaba.
O quizá no me permití terminar por que pues, no inició. Quiensabe, al parecer nadie.
Toca mi puerta suavemente, escondiendo lo salvaje que hay dentro. Noto su aspecto y es tímido, hay nervios ahí, igualmente una máscara gigante que a simple vista puedo notar.
Las hojas están bañadas por gotas de limón, llamaré limón a las gotas, por que, suena más bonito.
No hay gente en la calle, y me es difícil percibir que la cara de tristeza se me nota como telescopio.
La mirada de ese hombre, me hizo sentir asco, portaba un uniforme de policía y pude notar el color de su iris.
Brinqué más charcos de los que pude contar. Observé más de diez coches, no recuerdo su color, pero sé que el clima, la lluvia, la gente, hasta la mirada del policía, iban delineando mi día.
La sonrisa de mi mamá que no existe, la mirada de desprecio que mi pequeña hermana tuvo para conmigo.
La pequeña conversación en esas ventanas de Facebook, hasta la forma en que me recibieron en la guardería. Y no me dí cuenta que me estaban afectando, o quizá, ya lo estaba y sólo estaban moviendo el vaso para que el líquido se derramara. O tal vez no es líquido, el líquido es muy fácil derramar, incluso, con un movimiento poco complejo, algún porcentaje del contenido, caería, exactamente en el borde del molde.
Apreté mis agujetas y salí, una vez más el agua embarcó mi mar. Y por mar me refiero a los putos charcos que están detrás de mi puerta y por barco, pues, mis sucios tennis Nike, que me encanta usar.
Corrí detrás de mi sombra, pude observar la naturaleza que estaba destrozada. O no.
Yo digo que sólo me estaba quitando un poco de esa monotonía a la que estaba jugando.
¿Alguna vez escucharon sobre la noche? Yo también. Esa gran señora, a quien dibujo más como un transexual, que continuamente aparece, nos salva y de pronto se va. Abre sus manos y nos abraza a todos. Acto seguido: Nos da una bofetada y nos manda a jugar.
Tiene más de mil millones de lunares, que aveces, como buena hormiga me gusta admirar. Imaginar, que tal vez algo puedan representar cómo muertes, o nacimientos, o ríos, o marcianos, o puentes, o no sé. Lo que sea.
¿Creen que un ser humano haya pisado, en realidad la Luna?
Me llamo Nicte, me apellido Luna y mi vocación es ser escritor, y pues me han pisado muchas veces. En más de un término.
Mi papá me pisaba cuando abría una botella nueva de Tequila.
Mis maestros me pisaban cuando tenía la razón y les es difícil, como buenos profesores, aceptar.
Un par de hombres me han pisado pero de ellos no voy a hablar.
Conocí el desamor cuando el pecho de mamá, me dejó de alimentar. Conocí el desamor, cada vez más. Ojalá fuera igual a una guitarra, a una permuta, a un simple Control + V y ya.
Las letras llovieron cuando abrí la regadera, cuando mis pies alcanzaron a girar la perilla, esa fue la primer mojada que me gustó, que sonreí, fue la primer puerta que pude abrir.
Letras, cuentos, fábulas, hasta la segunda guerra mundial. Esa, que más que puerta, fue una llave. Me enseñó a dibujar, formas y figuras, que después, me iban a asfixiar.
El médico abría mis piernas, uno de ellos me transportaba, fui tan cobarde que decidí huir. Mis ojos se iban cerrando y mis piernas estaban un poco más abiertas cada vez. Sus dedos tocaban mi sexo, y sus pinzas entraban infestando mis entrañas. Los guantes de látex, un quirófano, un miedo, un ángel, que se fue.
La enfermera cambió mi lugar, mis manos no mostraban ninguna clase de fuerza, mis pies no sostenían mi cuerpo. La rata de Comfortably Numb es la descripción correcta, para mostrar donde tenía que estar, en algún profundo lugar del mar. Sin pulso, ni corazón.
Y por el contrario; estaba yo. Aullando en la tempestuosa espera de un mal nacido infierno, que acogiera mis extremos para pecar y pecar y caer y caer y más..