17 junio, 2011

Lo poco que no es nada y la nada infinita.

Tal vez las únicas historias de amor que conozco, fueron las que un día pude inventar.
Bajo la textura de una pluma desigual.
La triste época del año que me tocó plasmar.
Incluso, bajo la sombra de un manantial.

El amor nunca fue reconocido. 
Lo olvidé cuando las maletas de mi padre, se fueron sin preguntar.
Olvidé el amor cuando la vida me asesinó.
 Lo intenté arrancar, después de ese par de lágrimas, que querían volar.

Olvidé romper las hojas antes de terminar.
 La tinta fue duradera y a su par, desigual.
Arañé la sobra de quien nunca me aseguró un lejano final.
Olvidé el amor cuando este me hizo llorar. 

Tocó mi puerta  una vez más.
Y este, lo único que hizo fue deslumbrar.
Tal vez el primer día de Septiembre, pueda reaccionar.
Y entender, que sin más, ni más, esto puede cambiar.

Tal vez García Márquez tenía razón y nos dejó el sexo para cuando se acabara el amor.
Y la vida sigue siendo una putita descalza que no hace ruido cuando se va.
O probablemente lo racional de esto, es que no existe tal.

Y este puto marciano se tarda en despertar.