Cuando el viento sopló en mi piel, las nubes lloraron mar, mis poros formaron carriles
extasiados por donde el río mojó mi alma.
La brisa se cubrió con la sangre acuosa que transportan mis venas.
Una gota rodeó mi espina dorsal y antes de terminar se evaporó igual que mi pudor.
Mis manos delinearon mis labios desde el centro hasta la comisura...
La lluvia se detuvo y sólo mis pies siguieron mojados.