20 agosto, 2011

Justo cuando dejé de creer.

-Robamos amor en la misma cantidad que aire. Susurran las plantas mientras sus gotas se resbalan y nuestros pies las quebrantan. 
La noche es clara, nuestros ojos están cerrados. El espacio obscuro saboreó mi entrepierna, y se escurrió.
Murió tres veces más y no se despegó. -No llovemos escritores, sólo nos disfrazamos. -¡Sacude el tiempo!, quiero que regrese. 

La botella vacía de realidad, pero llena de desprecio, la bebí gota por gota hasta el infierno. Toqué la puerta incorrecta y mis pies se llenaron de tierra. Cuando tomé las llaves, el buró rompió una de mis medias, encerrada estaba entre mis pensamientos que olvidé cerrar la puerta. Grandes miradas bombardeaban mi espalda y mis sueños escapaban de mis manos al final de la banqueta. Las gotas brotando sobre mi reflejo. Los insultantes arrepentimientos encarcelando mis ganas. 

La entrada sólo fue una ensalada, fotografías instantáneas y café de comedor. Olor a canela y vapor de agua. Sus manos incitando mis caricias, sus labios saboreando, a lo lejos, los míos.  Cortázar de entremés y Poe de postre. Era el tiempo de Cultura profética, Los Beatles y Pumas, Universidad
La chica de los casi-diesiséis años, platicando su historia, brincando capítulos, adelantando lecciones de vida y sólo así, cumpliendo sus sueños, escribiendo en servilletas y desperdiciando en tonterías. 
La del Twitter pocosfologüers, la de la constante espera, la interminable lucha y la proximidad de un mañana, inevitablemente pasajero.