26 septiembre, 2011

Galeana.

Hueles inevitablemente a peligro. No de esos tan comunes y tan solicitados. Es otra clase de deseo y por tanto, otra clase de consecuencia. Hoy, tomaré mi bolsa de piel negra y las zapatillas más indiscretas que conozco. No existe cita ni acuerdo. Subo desesperadamente las escaleras y conduzco mi mirada por la rendija. El sonido te desconcentra. Mi corazón bombea más rápido de lo que parece. Mis ansias por llegar son breves y fuertes. Descubres mi presencia, mis jadeos son la única expresión. Camino despacio, mi boca rodea tu mejilla, baja a tu cuello y se retira. Pero no se va. Con seguridad saboreo a lo lejos tu figura, mientras mi entrepierna te imagina. Tan cerca estabas de repente sobre la esquina de la mesa, tus cintura, acariciaba mis piernas, rodeaban el espacio necesario y mi cuello se abalanzaba hacia atrás. Tus manos, sometían mi espalda y mis manos te arañaban. La ropa cayó al unísono de mi desesperación. Sin palabras recorrimos el lugar, sin palabras me saboreaste de más. Tus dientes dominaban mis lentejuelas. Mis movimientos lastimando tu cadera y mi aliento murmurando entre tu oído. Tu sudor escurriendo entre mis pechos y mi boca entre abierta.

"Después de matarla en la cama, el hombre no pudo evitar encerrarla, entre la suciedad de sus pechos y lo escurrido de su miembro."